martes, 21 de noviembre de 2017

MALESTAR DOCENTE.
Ensayo.
Por Lorenzo Martínez Espinosa.
No pocas veces nos hemos enterado  de que las arduas actividades que desarrollan en algunas profesiones   dejan exhaustos a los trabajadores cuando éstos están dedicados  a un quehacer intelectual y que por su entrega, compromiso, dificultad  de entender a los grupos, llegan a “quemarse” y tienen que recurrir a la ayuda profesional o a hacer una pausa en su labor cotidiana.
Éste es uno de los muchos problemas que se manifiestan en el profesor que tratando de cumplir cabalmente su labor después de una carga administrativa excesiva, diferentes ordenamientos de la autoridad que requieren de tiempos extras, cumplimiento de comisiones que absorben tiempos de descanso y cumplimiento de actividades sindicales que se requieren satisfacer, satura la capacidad física y mental del docente que la mayoría de las veces también posee una deficiente alimentación.
Este breve ensayo tiene como objetivo principal hacer una revisión de uno de los principales problemas emocionales y físicos que aquejan al maestro y dar algunas pistas de solución en base a un análisis de los mismos.
Mucho tiene que ver el material humano con  el que realiza su tarea profesional el docente, pero que tanta parte le corresponde participar para llevar a buen fin la embarcación.
Estamos conscientes  de la falta de motivación  intrínseca y extrínseca de los a educandos que lejos de pretender  adquirir una solida preparación para el futuro que les espera, son mucho más apáticos y sus padres poco o nada hacen para incentivarlos.
El docente le corresponde aplicar estrategias adecuadas y motivadoras, crear ambientes de aprendizaje propicios para el trabajo y que los alumnos los acepten con agrado y no hagan la tarea por obligación, que felices seríamos cuando los estudiantes asistieran al recinto con gusto y por voluntad.
Esto con otros factores son los que se asocian para provocar lo que se ha dado en llamar  “malestar docente”,  definido como “el conjunto de consecuencias negativas que afectan la personalidad del  a partir de la acción combinada de condiciones psicológicas y sociales  en que se ejerce la docencia.”(Esteve, 1987)
Falta de compromiso en el trabajo, un bajo rendimiento, el absentismo, la inhibición, la rutina, son las manifestaciones más elementales y entre las consecuencias psicológicas se pueden citar el cansancio, la insatisfacción, la irritabilidad, el insomnio, la depresión, la ansiedad  las adicciones y el síndrome  burnout que ha interesado mucho a partir de los 80s a los investigadores por las consecuencias individuales y sociales que este acarrea.
En el aspecto fisiológico se pueden anotar las enfermedades como hipertensión, trastornos cardiovasculares, úlceras, etc.
La motivación del docente tiene que ver con varios factores: sociales, económicas, de reconocimiento social y de salud. Este último poco se menciona pero debe ser de los más importantes  y es donde poco se hace en todos los niveles por dar una atención eficiente en las instituciones encargadas de dar ese servicio.
DESARROLLO.
Antecedentes. En el ejercicio de la docencia durante más de 4 décadas he podido constatar que el malestar que este profesionista enfrenta son también por los bajos resultados de su trabajo, cuando en sus evaluaciones se da cuenta que no ha logrado los aprendizajes del curso  queda insatisfecho de su desempeño; pero ¿todos los docentes hacen reflexión una vez terminada su labor? creo que no, qué sabemos si elaboró técnicamente bien su planeación, si tomó en cuenta el contexto y características de su grupo o grupos, si tomó en cuenta los intereses y las etapas evolutivas del grupo, (Piaget) la actitud con que intercambia opiniones, puntos de vista con los padres de familia, interacción con compañeros docentes y con las mismas autoridades. Estos puntos son muchas veces el talón de Aquiles porque existe el ego o porque todos nos sentimos autosuficientes. Pero ahora independientemente de estas piedritas en el arroz, el docente enfrenta otros problemas emocionales, fisiológicos como consecuencia de lo anotado anteriormente y otros obstáculos que no puede sortear eficazmente.
De acuerdo a la literatura existente sobre el “mal – estar” del docente, creo que uno de los principales problemas que se conocen es el síndrome de burnout, que también se le llama “estar quemado” (SEQ) Descrito por primer vez en 1969, al observar el extraño comportamiento que presentaban algunos oficiales de policía de aquella época, un cuadro de síntomas muy concreto.
En 1974, Freudenberger, acrecentó sus estudios sobre el mismo y posteriormente en 1986 las psicólogas norteamericanas C. Maslach y S. Jackson lo definieron como “un síndrome del cansancio emocional, despersonalización y una menor realización personal que se da en aquellos individuos que trabajan en contacto con clientes y usuarios.”
Este síndrome se manifiesta con una actitud fría y despersonalizada, un agotamiento psicológico y emocional, poco interés de adecuarse a las tareas a desarrollar desinteresado en las tareas colectivas, el sujeto siente que no puede dar nada a nivel afectivo falto de energía. Cuando se presenta en los docentes y decimos que está quemado es que ya se desbordó la situación lamentablemente.
Las consecuencias del burnout, afirman, Bardo P. en 1979; Álvarez y Fernández  en 1991 y Guerrero y Vicente en 2001, más recientemente  que las personas presentan los siguientes efectos desde el punto de vista profesional, como impuntualidad, reusarse al  trabajo, continuas  inasistencias, absentismo, un anormal deseo de vacaciones, algo muy personal como la autoestima y no tomar en serio su trabajo inclusive  lo abandona.
Este fenómeno está ligado estrechamente con el económico y por ende presentan mayor vulnerabilidad  a padecer accidentes laborales, síntomas de enfermedades como depresión, hipertensión, alteraciones gastrointestinales, y una de la más temible la diabetes y todo esto lo orilla a algunos vicios como el alcoholismo, las drogas  y el tabaco todo con consecuencia s lamentables   para él y sus alumnos.
Este síndrome es la respuesta al estrés crónico, originado en el contexto laboral, con repercusiones individuales, organizacionales y sociales. Desde los ochentas los investigadores tienen en la mira el problema; pero no es sino hasta los noventas  cuando existe cierto consenso sobre sus causas y consecuencias.
Algunos modelos explicativos generales son el Gil-Monte y Peiró (1997), otros como los de Manassero y Cols (2003), Ramos (1999), Matteson e Ivansevich (1997) y Leiter (1988) surgen para dar respuesta y técnica de intervención  para prevenir y minimizar efectos de un problema que  sigue aumentando desde comienzos de la crisis (Gili, McKee y Stucker 2013)
Síntomas principales.
Agotamiento emocional.- es un desgaste profesional que sufre la persona y que lo lleva al agotamiento psíquico y fisiológico. Se produce al realizar funciones laborales diariamente y permanentemente  con personas que hay que atender como objetos de trabajo.
Despersonalización: se manifiesta en actitudes negativas en relaciona los usuarios/ cliente, incrementándose la pérdida de motivación, irritabilidad  por el deterioro del las relaciones  que pueden llegar a endurecerse.
Falta de realización personal: frustración de las expectativas, baja de la autoestima y manifestaciones de  estrés a nivel fisiológico cognitivo y comportamiento.
Causas.
Puede ser por varios factores, tanto a nivel de persona (la tolerancia al estrés y a la frustración) organizacionales como (deficiencias en el desempeño del puesto, ambiente laboral, estilos de liderazgo de los superiores) las más comunes son las que se anotan.
ü  La falta de control.
ü  Expectativas laborales poco claras.
ü  Dinámica de trabajo disfuncional, diferencias en los valores, mal ajuste del empleo, los extremos de la actividad, falta de apoyo social, desequilibrio entre la vida laboral, social y familiar, efectos psicológicos y en la salud, el no tratar el burnout  podrá traer consecuencias de cuidado como las siguientes:
ü  Estrés excesivo, fatiga, insomnio, depresión, ansiedad, alcoholismo, drogadicción,  cardiovascular, lípidos altos, (más en la mujeres) infarto cerebral. Deterioro del sistema inmunológico, úlceras, pérdida de peso, dolores musculares, migrañas,  gastrointestinales, alergias, asma desajustes en los ciclos menstruales.
Todos somos o deberíamos ser responsables de la salud personal; pero si estamos en alguna de las circunstancias arriba mencionadas es necesario acudir a un profesional para recibir orientación o tratamiento y primordialmente tomar algunas medidas previas. Si   tomáramos en cuenta que todos los factores que influyen, las causas y las consecuencias tienen que ver con el grado de resiliencia que tiene el afectado, su grado de asimilación de conflictos y de manejo del estrés entonces unas personas con las mismas cargas emocionales se sentirán menos afectadas que otras.
Terapia, tratamiento y consejos.
Se requiere identificar los factores estresantes, buscar y evaluar opciones para corregir.
Evaluar las opciones con su superior, quizá se puedan tomar acuerdos y llega a arreglos.
Ajustar la actitud, cuando se ha vuelto cínico en el trabajo y tener en cuenta que se puede mejora la perspectiva, no se encierre en la oficina, camine fuera de ella y establecer relaciones positivas.
Muchas actividades no se hacen solo, hay que buscar apoyo, si hay balcanismo en el centro, alguien puede ayudar o compartir parte de la actividad.
Es necesario evaluar las habilidades personales esto ayudará a ubicarse y decidir si se está bien en ese trabajo o se deben buscar alternativas.
Algo personal que mejora la salud es el ejercicio además de que puede ser relajante, no se deje de  hacer sobretodos en tiempos de crisis.
Hay que mantenerse despierto y consciente de que aunque síndrome de Burnout  no es una enfermedad si es digno de tomarse muy en cuenta porque puede desencadenar otros trastornos que sí pueden llevarnos a enfermedades que van a requerir mucha más atención de parte nuestra.
(Martín, Ramos Campos y Contador Castillo (2006) “Resiliencia y el modelo Burnout-Engagement Jonathan García-Allen )
Conceptualización de la desmotivación docente.
El sentimiento de insatisfacción, de incomodidad que puede padecer el docente ha sido conceptualizado por Travers y Coopers, en su libro reciente El estrés de los profesores. La presión en su actividad docente a través de un enfoque interactivo. Estos autores plantean un enfoque global, no analizando únicamente el estrés como un estímulo ambiental o como una respuesta frente a las exigencias del entorno, sino como un concepto dinámico y relacional. Se produce, una interrelación continua entre la persona y su entorno, que está mediada por un conjunto de procesos cognitivos constantes. Hay cinco aspectos importantes del modelo cognitivo a considerar en relación al estrés: valoración subjetiva de la situación; experiencia (familiaridad con la situación aprendizaje preoperatorio o formación inicial y los fracasos o refuerzos obtenidos a través de la experiencia anterior); exigencia real junto a la capacidad real y percibida; la influencia interpersonal; las estrategias de superación ante el desequilibrio percibido.
Ortiz, apunta diferentes contextos que influyen negativamente en la motivación docente y en la falta de recursos por parte de éste para resolver la situación: contexto social; percepción social del docente, influenciada por los estereotipos de los medios de comunicación; contexto de la práctica docente, en dónde tendrá que hacer frente, en alguna ocasión a la resolución de problemas de delincuencia y conflictividad escolar. Sin dejar de lado, en cada uno de estos contextos, la importancia de atender al objetivo de educación integral.
Otro aspecto a tomar en consideración, es la evaluación continua del trabajo del profesor/a, que siendo un recurso educativo interesante, en la medida que se utilice para desarrollar las potencialidades de los docentes, puede convertirse, no obstante, en un resultado desagradable. Al no cumplir el requisito de objetividad y no ajustarse a la realidad puede adoptar la función de un sistema de control sancionador (Tejedor), suponiendo, incluso, un riesgo para la autoestima del maestro o maestra.
Esta profesión supone, por otra parte, situaciones interactivas continuadas con la autoridad, los compañeros y compañeras, los padres y madres del alumnado y los propios alumnos y alumnas. Las notas básicas de incomunicación y falta de cooperación con estos colectivos, acrecientan el malestar docente  y son una de las principales causas de desencanto hacia la tarea y la desvalorización de ésta. Ante este hecho, ¿cuáles son las estrategias de intervención con que podemos dotar al colectivo docente para desarrollar sus propias habilidades socio personales?

 Competencias socioemocionales.

La inteligencia emocional  es un constructo de la inteligencia interpersonal o social y de lo intrapersonal, ambas forman parte de la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner.
Por lo tanto la inteligencia emocional es la forma que tenemos de interactuar con el mundo, en la que los sentimientos tienen un papel muy importante, son las habilidades que poseemos para nuestras relaciones.  Como la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental y el control de los impulsos, estas habilidades que cada uno de nosotros tiene en mayor o menor medida, configuran los rasgos de nuestro carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, indispensables para una buena y positiva adaptación a la sociedad.
Los educadores sociales, tenemos que tener especialmente en cuenta la inteligencia emocional de las personas con las que trabajemos y será  indispensable para lograr resultados positivos, ayudarles a descubrir que aspectos de su inteligencia emocional domina o necesita reforzar.
Modelos para transferir Competencias socio-emocionales.
 En primer lugar vamos a explicar ¿qué es una competencia emocional? Es la habilidad para gestionar y experimentar productivamente las emociones.
Para un educador social atender a las necesidades sociales y emocionales de las personas, es la parte fundamental de nuestro trabajo, más que formarlos en unos conocimientos determinados. Por ello es muy importante que nos dediquemos a enseñar cómo se gestionan las competencias emocionales y entrenarles a ello. Está demostrado que los niños que poseen competencias emocionales, tienen menos problemas de disciplina, y participan más activamente en su aprendizaje, constituyendo para ellos una experiencia gratificante.
En la mayoría de los entornos en los que trabajaremos como educadores, los niños y jóvenes que nos encontremos tendrán  problemas de adaptación social y otros derivados de su situación como, depresión, violencia, salud mental, posiblemente  provocados por no saber expresar sus emociones de forma constructiva. Por lo que hay que enseñarles a reconocer y gestionar sus emociones, para que desarrollen la solidaridad, empatía por los demás, puedan tomar decisiones responsables, y manejarse en situaciones difíciles o de conflicto de forma pacífica.
Competencias socio-emocionales que debe tener el perfil de un educador, para comprender la diversidad y educar en y para la diversidad. 
La autoconciencia emocional.  Conocimiento de las teorías de las emociones, del papel que estas tienen en el aprendizaje y la cognición y  conocer los métodos de la educación emocional.
El autocontrol y gestión de las emociones. Habilidad para identificar, comprender y regular las emociones de sí mismo y de los otros especialmente de las personas a las que está educando. Se refiere al saber hacer
La conciencia social. Habilidades para promover la competencia emocional de los educandos y su comunidad.
CONCLUSIONES.

Reflexiones sobre la formación socioemocional del docente.

Como personaje público está siempre en la mira de la sociedad y son cada vez más las exigencias.

¿Qué hace el docente para no caer en la desmotivación?

Como todo ser humano requiere de reconocimiento público a su labor, de las autoridades  y de la sociedad en donde se desempeña. Es frecuente el choque de ideas y de procedimientos en los trabajos escolares cuando el maestro tiene que reunirse con padres de familia, por las situaciones antes expuestas cuando este realiza el trabajo en el aula no se lleva la mentalidad de un trabajo conjunto sino más bien se va con la mente en la defensiva y los padres con la idea de ataque, por calificaciones o llamadas de atención a sus hijos. Es frecuente que se repitan estos actos en virtud de que no hay una autoridad y una personalidad bien definida del docente y los valores de la sociedad están a la deriva.

El trabajo conjunto es que la educación se debe compartir y completar en la institución y los padres con conocimiento de causa apoyar y proponer y no imponer.

“El trabajo docente ha cambiado grandemente en los últimos años  ajustándose al  modelo neoliberal  causando con esto una serie de trastornos de salud mental” pero cuando hay una preparación profesional sólida hay también una libertad de acción sin que esto signifique una rebeldía se pueden lograr grandes cosas.

http://www.milenio.com/firmas/alfonso_torres_hernandez/trabajo_docente-maestros-salud-milenio_18_958284231.html

 

Algunas características que debe poseer el docente para el mejor desempeño.

Toma de decisiones: Ser capaz de tomar decisiones eficaces de manera constructiva en las distintas situaciones y contextos de vida. Manejo de problemas y conflictos: Ser capaz de enfrentar de manera constructiva los problemas que se encuentran en la vida cotidiana y en el desarrollo de las propias actividades. Creatividad: Ser capaz de reconocer y analizar las alternativas posibles y las consecuencias de las distintas opciones. Pensamiento crítico: Ser capaz de analizar la información y la experiencia de manera objetiva, y luego evaluar las ventajas y desventajas en función de una decisión consciente. Comunicación eficaz: Ser capaz de expresarse, verbal y no verbalmente, de manera eficaz y coherente con la propia cultura y con las situaciones vividas. Relaciones interpersonales: Ser capaz de interactuar y relacionarse con los demás de manera positiva. Autoconocimiento Conocimiento de sí mismo del propio carácter, de las propias fortalezas y debilidades, de los propios deseos y necesidades. Empatía: Ser capaz de comprender a los demás aún en situaciones que no nos son familiares. Manejo de las emociones: Ser capaz de reconocer las emociones en sí mismos y en los demás y manejarlas de manera apropiada.
El autocontrol y gestión de las emociones. Habilidad para identificar, comprender y regular las emociones de sí mismo y de los otros especialmente de las personas a las que está educando. Se refiere al saber hacer La conciencia social. Habilidades para promover la competencia emocional de los educandos y su comunidad.
El manejo de las relaciones sociales. Valoración positiva del papel que juegan las emociones en la vida de las personas, en todos los ámbitos, personal, educativo, laboral, familiar y ciudadano. ( Manoli Arroyo)
Es fundamental que el educador social posea las competencias expuestas, para poder desarrollar su trabajo con las mayores garantías de éxito y profesionalidad. Pero además estas deben compensarse con una mayor resiliencia, es decir el proceso de adaptarse bien a las situaciones adversas y tomarlas como un desafío que pone a prueba las capacidades del educador, porque en esta profesión es común encontrarse con situaciones y conflictos difíciles de resolver y que se alarguen en el tiempo hasta que se vean resultados.
Inteligencia emocional. Es (Salovey y Mayer, 1990): “una parte de la inteligencia social que incluye la capacidad de controlar nuestras emociones y las de los demás, discriminar entre ellas y usar dicha información para guiar nuestro pensamiento y nuestros comportamientos”.
El profesorado no recibe ninguna formación específica ni ninguna preparación psicológica para enfrentarse a la desmotivación del alumnado y a la falta de recursos para solucionar los problemas de grupo. De ahí que la impotencia para solucionar los conflictos cotidianos cause problemas psicológicos y tensión laboral. Junto a ello, las malas condiciones educativas y la falta de reconocimiento social de la tarea del docente inciden de manera determinante en el bienestar de los profesores.
El modelo de burnout más utilizado en los estudios sobre profesores es el modelo trifactorial de Maslach. Maslach y Jackson (1980, 1981, 1985 y 1986). Afirman que el burnout es un síndrome de Agotamiento emocionalDespersonalización y bajo Logro realización personal en el trabajo.

Propuestas de intervención ante la insatisfacción del docente en la enseñanza
Se propone un modelo de formación para maestros y maestras que atienda, no sólo a conceptos, procedimientos y actitudes por separado, sino que deriven en una competencia integrada en "un saber, un saber hacer y un saber estar". Este hecho supone atender a una inteligencia integral, a la que se puede definir como la unión e integración de la inteligencia racional, emocional, latitudinal o social. Esta visión integradora, que está presente también en la finalidad de la educación que formula la UNESCO, se sintetiza en un "aprender a ser".
De manera concreta, vemos la necesidad de trabajar la inteligencia emocional como competencias y estrategias que posibilitan un aprender a hacer desde un paradigma interpretativo de la situación. El uso de estas estrategias potenciarán el propio bienestar y estado de satisfacción personal y profesional. La necesidad de potenciar las emociones positivas, dentro del sistema educativo, es un factor significativo para el bienestar emocional. Es difícil descubrir cuáles son las emociones que se experimentan porque, en realidad, no se está acostumbrado a desarrollar la introspección. En este sentido Sastre y Moreno indican que:
"Todo proyecto que tenga por finalidad educar cívicamente debe conceder un lugar relevante a las relaciones personales. El conocimiento de los sentimientos y de las emociones requiere un trabajo cognitivo, puesto que implica una toma de conciencia de los propios estados emocionales, de las causas susceptibles de provocar cada uno de ellos y de sus consecuencias, es decir, de cómo reaccionamos cuando estamos bajo la influencia de una emoción determinada. Este es un paso importante para el autoconocimiento, el cual nos será difícil poder prever nuestros propios estados de ánimo o incluso descubrir por qué experimentamos determinado sentimiento, como por ejemplo, por qué nos hemos puesto de mal humor o por qué realizamos un desplazamiento emocional y respondemos inesperadamente de forma brusca a una persona que no tiene nada que ver con la problemática que realmente nos preocupa".
    Uno de los libros que más ha influido en los últimos años es el de Goleman La inteligencia emocional, publicado en 1995, poniendo de relieve la necesidad de dotar de emoción a la inteligencia. Goleman se basa en la línea de investigación abierta por una serie de autores como Gardner, Sternberg y Salovey, sobre la inteligencia emocional. En este sentido, resulta interesante la aportación de Salovey, que subsume a las inteligencias personales de Gardner y las organiza en cinco competencias principales:
a) el conocimiento de las propias emociones;
b) la capacidad de controlar las emociones;
c) la capacidad de motivarse uno mismo;
d) el reconocimiento de las emociones ajenas;
e) el control de las relaciones.
Los currículos para la formación de los docentes no pueden basarse únicamente en los aspectos científicos, puesto que lo afectivo y emocional es fundamental para el desarrollo cognitivo y, además, conduce al equilibrio psíquico del ser humano.
De ahí la necesidad de que la propuesta sea desarrollar la inteligencia integral del futuro docente y profesorado en activo. De acuerdo con Armas, la inteligencia racional implicará un enfoque científico-racional de la realidad, teniendo una visión ecológica, sistémica de la realidad, que abarca desde la evaluación y comprensión de ésta, las relaciones entre los elementos del sistema, la visión histórica-evolutiva de las personas, los procesos y las instituciones hasta la evaluación de aspectos positivos y necesidades. La inteligencia emocional exigirá el dominio de las relaciones interpersonales, capacidad para motivarse uno mismo, saber tomar decisiones en equipo, resolver conflictos, negociar soluciones y propuestas de mediación. Mientras que la inteligencia actitudinal permitirá una predisposición positiva y de mejora ante la situación y las demandas del contexto, más aún en el presente donde se transforman los procedimientos de ingreso y permanencia en el magisterio anquilosado durante décadas, es urgente también adecuar la mentalidad para actualizarse y permanecer. (Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado
Sureda García, Inmaculada & Colom Bauzá, Joana)

 

Profr. Lorenzo Martínez Espinosa
27 de octubre del 2017

Referencias bibliográficas:

·         Martín, Ramos Campos y Contador Castillo (2006) “Resiliencia y el modelo Burnout-Engagement Jonathan García-Allen

·        http://www.milenio.com/firmas/alfonso_torres_hernandez/trabajo_docente-maestros-salud-milenio_18_958284231.html

·         Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado
               Sureda García, Inmaculada & Colom Bauzá, Joana