MALESTAR
DOCENTE.
Ensayo.
Por
Lorenzo Martínez Espinosa.
No pocas
veces nos hemos enterado de que las
arduas actividades que desarrollan en algunas profesiones dejan exhaustos a los trabajadores cuando éstos
están dedicados a un quehacer
intelectual y que por su entrega, compromiso, dificultad de entender a los grupos, llegan a “quemarse”
y tienen que recurrir a la ayuda profesional o a hacer una pausa en su labor
cotidiana.
Éste es
uno de los muchos problemas que se manifiestan en el profesor que tratando de cumplir
cabalmente su labor después de una carga administrativa excesiva, diferentes
ordenamientos de la autoridad que requieren de tiempos extras, cumplimiento de
comisiones que absorben tiempos de descanso y cumplimiento de actividades
sindicales que se requieren satisfacer, satura la capacidad física y mental del
docente que la mayoría de las veces también posee una deficiente alimentación.
Este breve
ensayo tiene como objetivo principal hacer una revisión de uno de los
principales problemas emocionales y físicos que aquejan al maestro y dar
algunas pistas de solución en base a un análisis de los mismos.
Mucho tiene
que ver el material humano con el que realiza
su tarea profesional el docente, pero que tanta parte le corresponde participar
para llevar a buen fin la embarcación.
Estamos
conscientes de la falta de
motivación intrínseca y extrínseca de
los a educandos que lejos de pretender
adquirir una solida preparación para el futuro que les espera, son mucho
más apáticos y sus padres poco o nada hacen para incentivarlos.
El docente
le corresponde aplicar estrategias adecuadas y motivadoras, crear ambientes de
aprendizaje propicios para el trabajo y que los alumnos los acepten con agrado
y no hagan la tarea por obligación, que felices seríamos cuando los estudiantes
asistieran al recinto con gusto y por voluntad.
Esto con
otros factores son los que se asocian para provocar lo que se ha dado en
llamar “malestar docente”, definido como “el conjunto de consecuencias
negativas que afectan la personalidad del a partir de la acción combinada de condiciones
psicológicas y sociales en que se ejerce
la docencia.”(Esteve, 1987)
Falta de
compromiso en el trabajo, un bajo rendimiento, el absentismo, la inhibición, la
rutina, son las manifestaciones más elementales y entre las consecuencias
psicológicas se pueden citar el cansancio, la insatisfacción, la irritabilidad,
el insomnio, la depresión, la ansiedad
las adicciones y el síndrome
burnout que ha interesado mucho a partir de los 80s a los investigadores
por las consecuencias individuales y sociales que este acarrea.
En el
aspecto fisiológico se pueden anotar las enfermedades como hipertensión,
trastornos cardiovasculares, úlceras, etc.
La
motivación del docente tiene que ver con varios factores: sociales, económicas,
de reconocimiento social y de salud. Este último poco se menciona pero debe ser
de los más importantes y es donde poco
se hace en todos los niveles por dar una atención eficiente en las
instituciones encargadas de dar ese servicio.
DESARROLLO.
Antecedentes.
En el ejercicio de la docencia durante más de 4 décadas he podido constatar que
el malestar que este profesionista enfrenta son también por los bajos
resultados de su trabajo, cuando en sus evaluaciones se da cuenta que no ha
logrado los aprendizajes del curso queda
insatisfecho de su desempeño; pero ¿todos los docentes hacen reflexión una vez
terminada su labor? creo que no, qué sabemos si elaboró técnicamente bien su
planeación, si tomó en cuenta el contexto y características de su grupo o
grupos, si tomó en cuenta los intereses y las etapas evolutivas del grupo,
(Piaget) la actitud con que intercambia opiniones, puntos de vista con los
padres de familia, interacción con compañeros docentes y con las mismas
autoridades. Estos puntos son muchas veces el talón de Aquiles porque existe el
ego o porque todos nos sentimos autosuficientes. Pero ahora independientemente
de estas piedritas en el arroz, el docente enfrenta otros problemas
emocionales, fisiológicos como consecuencia de lo anotado anteriormente y otros
obstáculos que no puede sortear eficazmente.
De acuerdo
a la literatura existente sobre el “mal – estar” del docente, creo que uno de
los principales problemas que se conocen es el síndrome de burnout, que también
se le llama “estar quemado” (SEQ) Descrito por primer vez en 1969, al observar
el extraño comportamiento que presentaban algunos oficiales de policía de
aquella época, un cuadro de síntomas muy concreto.
En 1974,
Freudenberger, acrecentó sus estudios sobre el mismo y posteriormente en 1986
las psicólogas norteamericanas C. Maslach y S. Jackson lo definieron como “un
síndrome del cansancio emocional, despersonalización y una menor realización
personal que se da en aquellos individuos que trabajan en contacto con clientes
y usuarios.”
Este
síndrome se manifiesta con una actitud fría y despersonalizada, un agotamiento psicológico
y emocional, poco interés de adecuarse a las tareas a desarrollar desinteresado
en las tareas colectivas, el sujeto siente que no puede dar nada a nivel
afectivo falto de energía. Cuando se presenta en los docentes y decimos que
está quemado es que ya se desbordó la situación lamentablemente.
Las
consecuencias del burnout, afirman, Bardo P. en 1979; Álvarez y Fernández en 1991 y Guerrero y Vicente en 2001, más
recientemente que las personas presentan
los siguientes efectos desde el punto de vista profesional, como impuntualidad,
reusarse al trabajo, continuas inasistencias, absentismo, un anormal deseo de
vacaciones, algo muy personal como la autoestima y no tomar en serio su trabajo
inclusive lo abandona.
Este
fenómeno está ligado estrechamente con el económico y por ende presentan mayor vulnerabilidad a padecer accidentes laborales, síntomas de
enfermedades como depresión, hipertensión, alteraciones gastrointestinales, y
una de la más temible la diabetes y todo esto lo orilla a algunos vicios como
el alcoholismo, las drogas y el tabaco
todo con consecuencia s lamentables para él y sus alumnos.
Este
síndrome es la respuesta al estrés crónico, originado en el contexto laboral,
con repercusiones individuales, organizacionales y sociales. Desde los ochentas
los investigadores tienen en la mira el problema; pero no es sino hasta los
noventas cuando existe cierto consenso
sobre sus causas y consecuencias.
Algunos
modelos explicativos generales son el Gil-Monte y Peiró (1997), otros como los
de Manassero y Cols (2003), Ramos (1999), Matteson e Ivansevich (1997) y Leiter
(1988) surgen para dar respuesta y técnica de intervención para prevenir y minimizar efectos de un
problema que sigue aumentando desde
comienzos de la crisis (Gili, McKee y Stucker 2013)
Síntomas
principales.
Agotamiento
emocional.- es un desgaste profesional que sufre la persona y que lo lleva al
agotamiento psíquico y fisiológico. Se produce al realizar funciones laborales diariamente
y permanentemente con personas que hay
que atender como objetos de trabajo.
Despersonalización:
se manifiesta en actitudes negativas en relaciona los usuarios/ cliente,
incrementándose la pérdida de motivación, irritabilidad por el deterioro del las relaciones que pueden llegar a endurecerse.
Falta de
realización personal: frustración de las expectativas, baja de la autoestima y
manifestaciones de estrés a nivel
fisiológico cognitivo y comportamiento.
Causas.
Puede ser
por varios factores, tanto a nivel de persona (la tolerancia al estrés y a la
frustración) organizacionales como (deficiencias en el desempeño del puesto,
ambiente laboral, estilos de liderazgo de los superiores) las más comunes son
las que se anotan.
ü
La falta de control.
ü
Expectativas laborales poco claras.
ü
Dinámica de trabajo disfuncional, diferencias
en los valores, mal ajuste del empleo, los extremos de la actividad, falta de
apoyo social, desequilibrio entre la vida laboral, social y familiar, efectos
psicológicos y en la salud, el no tratar el burnout podrá traer consecuencias de cuidado como las
siguientes:
ü
Estrés excesivo,
fatiga, insomnio, depresión, ansiedad, alcoholismo, drogadicción, cardiovascular, lípidos altos, (más en la
mujeres) infarto cerebral. Deterioro del sistema inmunológico, úlceras, pérdida
de peso, dolores musculares, migrañas, gastrointestinales, alergias, asma desajustes
en los ciclos menstruales.
Todos
somos o deberíamos ser responsables de la salud personal; pero si estamos en
alguna de las circunstancias arriba mencionadas es necesario acudir a un
profesional para recibir orientación o tratamiento y primordialmente tomar
algunas medidas previas. Si tomáramos
en cuenta que todos los factores que influyen, las causas y las consecuencias
tienen que ver con el grado de resiliencia que tiene el afectado, su grado de
asimilación de conflictos y de manejo del estrés entonces unas personas con las
mismas cargas emocionales se sentirán menos afectadas que otras.
Terapia, tratamiento y consejos.
Se requiere
identificar los factores estresantes, buscar y evaluar opciones para corregir.
Evaluar
las opciones con su superior, quizá se puedan tomar acuerdos y llega a arreglos.
Ajustar la
actitud, cuando se ha vuelto cínico en el trabajo y tener en cuenta que se
puede mejora la perspectiva, no se encierre en la oficina, camine fuera de ella
y establecer relaciones positivas.
Muchas
actividades no se hacen solo, hay que buscar apoyo, si hay balcanismo en el centro,
alguien puede ayudar o compartir parte de la actividad.
Es necesario
evaluar las habilidades personales esto ayudará a ubicarse y decidir si se está
bien en ese trabajo o se deben buscar alternativas.
Algo
personal que mejora la salud es el ejercicio además de que puede ser relajante,
no se deje de hacer sobretodos en
tiempos de crisis.
Hay que
mantenerse despierto y consciente de que aunque síndrome de Burnout no es una enfermedad si es digno de tomarse
muy en cuenta porque puede desencadenar otros trastornos que sí pueden
llevarnos a enfermedades que van a requerir mucha más atención de parte
nuestra.
(Martín, Ramos Campos y Contador
Castillo (2006) “Resiliencia y el modelo Burnout-Engagement Jonathan
García-Allen )
Conceptualización de la desmotivación docente.
El
sentimiento de insatisfacción, de incomodidad que puede padecer el docente ha
sido conceptualizado por Travers y Coopers, en su libro reciente El
estrés de los profesores. La presión en su actividad docente a través
de un enfoque interactivo. Estos autores plantean un enfoque global, no
analizando únicamente el estrés como un estímulo ambiental o como una respuesta
frente a las exigencias del entorno, sino como un concepto dinámico y
relacional. Se produce, una interrelación continua entre la persona y su
entorno, que está mediada por un conjunto de procesos cognitivos constantes.
Hay cinco aspectos importantes del modelo cognitivo a considerar en relación al
estrés: valoración subjetiva de la situación; experiencia (familiaridad con la
situación aprendizaje preoperatorio o formación inicial y los fracasos o
refuerzos obtenidos a través de la experiencia anterior); exigencia real junto
a la capacidad real y percibida; la influencia interpersonal; las estrategias
de superación ante el desequilibrio percibido.
Ortiz,
apunta diferentes contextos que influyen negativamente en la motivación docente
y en la falta de recursos por parte de éste para resolver la situación:
contexto social; percepción social del docente, influenciada por los
estereotipos de los medios de comunicación; contexto de la práctica docente, en
dónde tendrá que hacer frente, en alguna ocasión a la resolución de problemas
de delincuencia y conflictividad escolar. Sin dejar de lado, en cada uno de
estos contextos, la importancia de atender al objetivo de educación integral.
Otro
aspecto a tomar en consideración, es la evaluación continua del trabajo del
profesor/a, que siendo un recurso educativo interesante, en la medida que se
utilice para desarrollar las potencialidades de los docentes, puede
convertirse, no obstante, en un resultado desagradable. Al no cumplir el
requisito de objetividad y no ajustarse a la realidad puede adoptar la función
de un sistema de control sancionador (Tejedor), suponiendo, incluso, un riesgo
para la autoestima del maestro o maestra.
Esta
profesión supone, por otra parte, situaciones interactivas continuadas con la
autoridad, los compañeros y compañeras, los padres y madres del alumnado y los
propios alumnos y alumnas. Las notas básicas de incomunicación y falta de
cooperación con estos colectivos, acrecientan el malestar docente y son
una de las principales causas de desencanto hacia la tarea y la desvalorización
de ésta. Ante este hecho, ¿cuáles son las estrategias de intervención con que
podemos dotar al colectivo docente para desarrollar sus propias habilidades
socio personales?
Competencias socioemocionales.
La inteligencia emocional es un constructo de la
inteligencia interpersonal o social y de lo intrapersonal, ambas forman parte
de la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner.
Por lo
tanto la inteligencia emocional es la forma que tenemos de interactuar con el
mundo, en la que los sentimientos tienen un papel muy importante, son las
habilidades que poseemos para nuestras relaciones. Como la
autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la
agilidad mental y el control de los impulsos, estas habilidades que cada uno de
nosotros tiene en mayor o menor medida, configuran los rasgos de nuestro
carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, indispensables
para una buena y positiva adaptación a la sociedad.
Los
educadores sociales, tenemos que tener especialmente en cuenta la inteligencia
emocional de las personas con las que trabajemos y será indispensable
para lograr resultados positivos, ayudarles a descubrir que aspectos de su
inteligencia emocional domina o necesita reforzar.
Modelos para transferir Competencias socio-emocionales.
En
primer lugar vamos a explicar ¿qué es una competencia emocional? Es la
habilidad para gestionar y experimentar productivamente las emociones.
Para un
educador social atender a las necesidades sociales y emocionales de las
personas, es la parte fundamental de nuestro trabajo, más que formarlos en unos
conocimientos determinados. Por ello es muy importante que nos dediquemos a
enseñar cómo se gestionan las competencias emocionales y entrenarles a ello.
Está demostrado que los niños que poseen competencias emocionales, tienen menos
problemas de disciplina, y participan más activamente en su aprendizaje,
constituyendo para ellos una experiencia gratificante.
En la
mayoría de los entornos en los que trabajaremos como educadores, los niños y
jóvenes que nos encontremos tendrán problemas de adaptación social y
otros derivados de su situación como, depresión, violencia, salud mental,
posiblemente provocados por no saber expresar sus emociones de forma constructiva.
Por lo que hay que enseñarles a reconocer y gestionar sus emociones, para que
desarrollen la solidaridad, empatía por los demás, puedan tomar decisiones
responsables, y manejarse en situaciones difíciles o de conflicto de forma
pacífica.
Competencias socio-emocionales que debe tener
el perfil de un educador, para comprender la diversidad y educar
en y para la diversidad.
La autoconciencia emocional. Conocimiento de las teorías de las emociones, del papel que
estas tienen en el aprendizaje y la cognición y conocer los métodos de la
educación emocional.
El autocontrol y gestión de las emociones. Habilidad para identificar, comprender y regular las
emociones de sí mismo y de los otros especialmente de las personas a las que está
educando. Se refiere al saber hacer
La conciencia social. Habilidades para promover la competencia
emocional de los educandos y su comunidad.
CONCLUSIONES.
Reflexiones sobre la formación
socioemocional del docente.
Como personaje público está siempre en la mira
de la sociedad y son cada vez más las exigencias.
¿Qué hace el docente para no caer en la
desmotivación?
Como todo ser humano requiere de reconocimiento
público a su labor, de las autoridades y
de la sociedad en donde se desempeña. Es frecuente el choque de ideas y de
procedimientos en los trabajos escolares cuando el maestro tiene que reunirse
con padres de familia, por las situaciones antes expuestas cuando este realiza el
trabajo en el aula no se lleva la mentalidad de un trabajo conjunto sino más
bien se va con la mente en la defensiva y los padres con la idea de ataque, por
calificaciones o llamadas de atención a sus hijos. Es frecuente que se repitan
estos actos en virtud de que no hay una autoridad y una personalidad bien
definida del docente y los valores de la sociedad están a la deriva.
El trabajo conjunto es que la educación se debe
compartir y completar en la institución y los padres con conocimiento de causa
apoyar y proponer y no imponer.
“El trabajo docente ha cambiado grandemente en
los últimos años ajustándose al modelo neoliberal causando con esto una serie de trastornos de
salud mental” pero cuando hay una preparación profesional sólida hay también
una libertad de acción sin que esto signifique una rebeldía se pueden lograr
grandes cosas.
http://www.milenio.com/firmas/alfonso_torres_hernandez/trabajo_docente-maestros-salud-milenio_18_958284231.html
Algunas características que debe poseer el docente para el mejor
desempeño.
Toma de decisiones: Ser capaz de tomar
decisiones eficaces de manera constructiva en las distintas situaciones y
contextos de vida. Manejo de problemas y conflictos: Ser capaz de enfrentar de
manera constructiva los problemas que se encuentran en la vida cotidiana y en
el desarrollo de las propias actividades. Creatividad: Ser capaz de reconocer y
analizar las alternativas posibles y las consecuencias de las distintas
opciones. Pensamiento crítico: Ser capaz de analizar la información y la
experiencia de manera objetiva, y luego evaluar las ventajas y desventajas en
función de una decisión consciente. Comunicación eficaz: Ser capaz de
expresarse, verbal y no verbalmente, de manera eficaz y coherente con la propia
cultura y con las situaciones vividas. Relaciones interpersonales: Ser capaz de
interactuar y relacionarse con los demás de manera positiva. Autoconocimiento
Conocimiento de sí mismo del propio carácter, de las propias fortalezas y
debilidades, de los propios deseos y necesidades. Empatía: Ser capaz de
comprender a los demás aún en situaciones que no nos son familiares. Manejo de
las emociones: Ser capaz de reconocer las emociones en sí mismos y en los demás
y manejarlas de manera apropiada.
El autocontrol y gestión de las emociones. Habilidad para identificar, comprender y regular las
emociones de sí mismo y de los otros especialmente de las personas a las que está
educando. Se refiere al saber hacer La conciencia social. Habilidades
para promover la competencia emocional de los educandos y su comunidad.
El manejo de las relaciones sociales. Valoración positiva del papel
que juegan las emociones en la vida de las personas, en todos los ámbitos,
personal, educativo, laboral, familiar y ciudadano. ( Manoli Arroyo)
Es
fundamental que el educador social posea las competencias expuestas, para poder
desarrollar su trabajo con las mayores garantías de éxito y profesionalidad.
Pero además estas deben compensarse con una mayor resiliencia, es decir el
proceso de adaptarse bien a las situaciones adversas y tomarlas como un desafío
que pone a prueba las capacidades del educador, porque en esta profesión es
común encontrarse con situaciones y conflictos difíciles de resolver y que se
alarguen en el tiempo hasta que se vean resultados.
Inteligencia
emocional. Es (Salovey y Mayer, 1990): “una parte de la inteligencia social que
incluye la capacidad de controlar nuestras emociones y las de los demás,
discriminar entre ellas y usar dicha información para guiar nuestro pensamiento
y nuestros comportamientos”.
El
profesorado no recibe ninguna formación específica ni ninguna preparación
psicológica para enfrentarse a la desmotivación del alumnado y a la falta de
recursos para solucionar los problemas de grupo. De ahí que la impotencia para
solucionar los conflictos cotidianos cause problemas psicológicos y tensión
laboral. Junto a ello, las malas condiciones educativas y la falta de
reconocimiento social de la tarea del docente inciden de manera determinante en
el bienestar de los profesores.
El
modelo de burnout más utilizado en los estudios sobre profesores es el modelo
trifactorial de Maslach. Maslach y Jackson (1980, 1981, 1985 y 1986). Afirman
que el burnout es un síndrome de Agotamiento emocional, Despersonalización y
bajo Logro o realización personal en el
trabajo.
Propuestas
de intervención ante la insatisfacción del docente en la enseñanza
Se
propone un modelo de formación para maestros y maestras que atienda, no sólo a
conceptos, procedimientos y actitudes por separado, sino que deriven en una
competencia integrada en "un saber, un saber hacer y un saber estar".
Este hecho supone atender a una inteligencia integral, a la que se puede definir
como la unión e integración de la inteligencia racional, emocional, latitudinal
o social. Esta visión integradora, que está presente también en la finalidad de
la educación que formula la UNESCO, se sintetiza en un "aprender a
ser".
De manera
concreta, vemos la necesidad de trabajar la inteligencia emocional como
competencias y estrategias que posibilitan un aprender a hacer desde un
paradigma interpretativo de la situación. El uso de estas estrategias
potenciarán el propio bienestar y estado de satisfacción personal y
profesional. La necesidad de potenciar las emociones positivas, dentro del
sistema educativo, es un factor significativo para el bienestar emocional. Es
difícil descubrir cuáles son las emociones que se experimentan porque, en
realidad, no se está acostumbrado a desarrollar la introspección. En este
sentido Sastre y Moreno indican que:
"Todo
proyecto que tenga por finalidad educar cívicamente debe conceder un lugar
relevante a las relaciones personales. El conocimiento de los sentimientos y de
las emociones requiere un trabajo cognitivo, puesto que implica una toma de
conciencia de los propios estados emocionales, de las causas susceptibles de
provocar cada uno de ellos y de sus consecuencias, es decir, de cómo
reaccionamos cuando estamos bajo la influencia de una emoción determinada. Este
es un paso importante para el autoconocimiento, el cual nos será difícil poder
prever nuestros propios estados de ánimo o incluso descubrir por qué
experimentamos determinado sentimiento, como por ejemplo, por qué nos hemos
puesto de mal humor o por qué realizamos un desplazamiento emocional y
respondemos inesperadamente de forma brusca a una persona que no tiene nada que
ver con la problemática que realmente nos preocupa".
Uno de los libros que más ha influido en
los últimos años es el de Goleman La inteligencia emocional, publicado
en 1995, poniendo de relieve la necesidad de dotar de emoción a la
inteligencia. Goleman se basa en la línea de investigación abierta por una
serie de autores como Gardner, Sternberg y Salovey, sobre la inteligencia
emocional. En este sentido, resulta interesante la aportación de Salovey, que
subsume a las inteligencias personales de Gardner y las organiza en cinco
competencias principales:
a)
el conocimiento de las propias emociones;
b)
la capacidad de controlar las emociones;
c)
la capacidad de motivarse uno mismo;
d)
el reconocimiento de las emociones ajenas;
e)
el control de las relaciones.
Los
currículos para la formación de los docentes no pueden basarse únicamente en
los aspectos científicos, puesto que lo afectivo y emocional es fundamental
para el desarrollo cognitivo y, además, conduce al equilibrio psíquico del ser
humano.
De ahí la
necesidad de que la propuesta sea desarrollar la inteligencia integral del
futuro docente y profesorado en activo. De acuerdo con Armas, la inteligencia
racional implicará un enfoque científico-racional de la realidad, teniendo una
visión ecológica, sistémica de la realidad, que abarca desde la evaluación y
comprensión de ésta, las relaciones entre los elementos del sistema, la visión
histórica-evolutiva de las personas, los procesos y las instituciones hasta la
evaluación de aspectos positivos y necesidades. La inteligencia emocional
exigirá el dominio de las relaciones interpersonales, capacidad para motivarse
uno mismo, saber tomar decisiones en equipo, resolver conflictos, negociar
soluciones y propuestas de mediación. Mientras que la inteligencia actitudinal
permitirá una predisposición positiva y de mejora ante la situación y las
demandas del contexto, más aún en el presente donde se transforman los
procedimientos de ingreso y permanencia en el magisterio anquilosado durante
décadas, es urgente también adecuar la mentalidad para actualizarse y
permanecer. (Revista Electrónica
Interuniversitaria de Formación del Profesorado
Sureda García, Inmaculada & Colom Bauzá,
Joana)
Profr.
Lorenzo Martínez Espinosa
Referencias bibliográficas:
·
Martín, Ramos Campos y Contador Castillo
(2006) “Resiliencia y el modelo Burnout-Engagement Jonathan
García-Allen
· http://www.milenio.com/firmas/alfonso_torres_hernandez/trabajo_docente-maestros-salud-milenio_18_958284231.html
·
Revista Electrónica Interuniversitaria de
Formación del Profesorado
Sureda García, Inmaculada &
Colom Bauzá, Joana
Es un buen documento de consulta y analianá.
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